martes, 26 de abril de 2011

Reset.

Con un leve dolor de cabeza me hacía paso entre la gente, saludando conocidos de manera extraña, alzando la cabeza por encontrar más cabezas familiares. Era un reto que superar el poder dar 2 pasos sin encontrarse con un charco o con alguien vomitando, o simplemente el hecho de saber reconocer caras sin perder la vista de por dónde vas. El dolor de cabeza aumenta con el ruido, no con el alcohol. Y eso que eso para mí no era un problema, pues del medio vaso no pasé.

... La confusión, envolviéndome como una sábana de disfraz de fantasma, o como una carpa que cubriese toda la plaza, o como alguien tapándote los ojos y amordazándote, surgió solamente cuando, al encontrar los ojos que buscaba, notaba un cambio leve de color... pensé que me había confundido de persona, pero lo peor no era confundirse, sino no confundirse y saber que, en un lapso de tiempo anterior, esos ojos no eran del mismo color.

- Eh, ¿qué te pasa? Te noto deprimidio.
- ¿Eh? Ah, nada.
- ¿Has bebido?
- Lo justo para engañar al estómago por un rato.
- ¿Eso cuánto es?
- Un sorvo cada media hora, no habré llegado a un vaso entero.
- ¿Entonces estás triste porque quieres más?
- No, todo lo contrario. Acabo de recordar por qué odiaba los botellones.
- ¿Y eso? ¿Por qué?
- Porque he vuelto a nacer.
- ¿Y en qué te basas para llegar a esa conclusión?
- En que esta mañana conocía a un montón de personas y, tras 2 horas, me los he vuelto a encontrar y no los he podido reconocer... y ellos a mí, tampoco.

Bando de la Huerta 2011. Un día lluvioso, apoteósico y sobre todo, irrepetible.

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