martes, 27 de septiembre de 2011

Ya iba siendo hora.

Aprovecho que estoy motivado por fin, aunque sea en el ordenador de mi madre, para poder cerrar los ojos y que mis dedos hablen por mí, siendo influenciados por mis oídos y la descarga eléctrica que recorre mi rostro.

Así es, todo acabó. El verano que tanto había ansiado y que ha sido más inesperado de lo que imaginaba acabó. He adquirido el gusto a ciertas cosas de las que jamás pensé que me acabarían gustando. He liberado mi alma, de alguna manera, en varias ocasiones; caminando por la playa, susurrando en el marco de la puerta de mi habitación, dejándome llevar por el viento y el mar durante 20 minutos en una roca... y convirtiendo esa masa cósmica en canciones, dibujos y motivación, mucha motivación.

El amor, tras años de búsqueda de respuestas, como ya sabéis, apareció a mi lado y así estuvo hasta hoy. De alguna manera, me ha enseñado a divertirme más, cosa que considero contradictoria teniendo en cuenta todo lo que he pasado este curso. Y sin embargo, sorprendiéndome a mí mismo y a mi mente, he hablado sin pensar, pero sin cometer estupideces. He dado un paso, dirían algunos. Ahora toco mi vello del brazo y pienso en lo que me he convertido. Me miro al espejo y me sorprendo de verme debajo del ombligo (no me malinterpretéis, me refiero a que soy más alto), y como la mirada no cambia, junto con las ideas. ¿Qué es lo que cambia entonces? El punto de vista, esa es mi opinión. Pero, ¿qué importa cuando en un mundo como el nuestro la observación exterior (lo que ven los demás de ti) es lo que cuenta?

Anne Katrine, me recordaste lo que era fijar mi pensamiento en una sola cosa.

Empiezo 2º de Bachillerato como en 1º, solo que con un extraño sentido del deber incrementado. Claro que no es todo lo que me invade, hay cosas que perduran, y cosas que aparecen... como si nada, como la sangre (sin que la llames, acude a la herida).

Es un reto que quiero superar, como el que quiere ir en contra de la corriente...

Puedes entenderme poniéndote en mi lugar como hombre, pero no como Ignacio Martínez Pagán.

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