domingo, 18 de marzo de 2012

Querido ser omnipotente cojonero:

¿Por qué con tus látigos y zarzas corrompes mis pensamientos y me obligas a poner la otra mejilla?
¿Por qué me haces parecer el malo?
Y si no, ¿por qué me conviertes en él?
¿Por qué no me das fuerzas para llorar? ¿Por qué siempre tengo que comérmelas?
¿Acaso tengo que llegar a cierto límite para descargarlas?
¿Acaso tienes que hacerme chantaje emocional a partir de intermediarios?
¿Acaso hay algún pecado tan grande del que no me he arrepentido que he de sufrir consecuencias colaterales?
¿Tengo que seguir pareciendo egoísta por preguntarte estas cosas?
¿No es suficiente?

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